La fábrica

Jaime Alcayde. Arquitecto

Hay un lugar donde decir ‘anem a la fàbrica’ significa algo diferente a lo que podamos pensar. Pronunciar esa frase allí no tiene nada que ver con acercarse a un entorno industrial o con ir a trabajar, si no más bien con compartir un espacio que se ha convertido en el corazón del municipio, dónde suceden cosas importantes. El pueblo tiene apenas 3.000 habitantes y está en l’Horta Nord. Es uno de esos lugares que conservan algo de ‘lo que fue’, y posee una marcada identidad a pesar de su poca fama (quizá precisamente por eso).

La Fábrica de la Seda fue construida en el s. XVIII por el industrial francés Joseph Lapayesse en un lugar que aprovechaba la energía hidráulica al paso de la Real Acequia de Moncada, y se convirtió en el más importante edificio fabril valenciano del inicio de la revolución industrial. En el s. XIX fue adquirida y reformada por la familia Trénor, que introdujo la tecnología de la máquina de vapor. Y en el siglo XX, volvió a cambiar de propiedad y se pasó a la producción de tejidos de esparto y yute. Todavía en los años 70 se veían allí trabajadores y máquinas en marcha.

Existen pocos edificios en el pueblo más antiguos que la fábrica, incluso la iglesia es casi coetánea, así que se puede decir que siempre ha estado ahí. El hecho importante es su gran transformación, en un proceso que la ha acercado al ciudadano, quien ha pasado de ser conocedor de la misma a ser usuario. Cuando ‘vas a la fábrica’, vas al ayuntamiento, vas al hogar de los jubilados, al gimnasio municipal o a la oficina de correos; también vas a la Policía Local, a la biblioteca (preciosa) o Asuntos Sociales. Además, hay ocasiones en las que ‘vas a la fábrica’ y vas al bar, a ver una obra de teatro o un espectáculo musical, o quizá vas a una cena multitudinaria, a un concurso de paellas o a una exposición de pintura.

Sin duda en la fábrica suceden cosas importantes, y es un lugar que el ciudadano ha hecho suyo. Cabe destacar este ejemplo de transformación de un edificio histórico, que se ha ido rehabilitando por partes a medida que adquiría nuevas funciones. El edificio que vemos no es el del S. XVIII, ha cambiado, pero conserva el testimonio de una historia con la que el pueblo se identifica. Cuando allí se dice ‘anem a la fàbrica’, solo el de Vinalesa sabe qué significa eso.

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