Tiene su razón de ser esa preferencia porque ofrece la posibilidad de atisbar mejor la cercanía, las tejas de los edificios, el orificio de la plaza redonda en todo su esplendor, que recuerda el cráter de un volcán desde esa altura, la espigada calle La Paz en su plenitud o el entorno de la plaza del Ayuntamiento.
“Somos un monumento de acogida, atendido por voluntarios. Recibimos con una sonrisa, con paneles informativos, con una pequeña exposición, en el inicio de la subida, de objetos extraídos del campanario”, explica Jotabé Gallego, rector de la céntrica iglesia de Santa Catalina Mártir, con entrada desde la plaza Lope de Vega.
Las cifras de la torre
La subida cuesta dos euros, que el templo reinvierte en actuaciones que está desarrollando como pintar el espacio de cubierta que rodea las bóvedas de los laterales del templo. Al año la torre, cuya construcción original data de 1688, puede sumar alrededor de 35000 visitantes, una cifra al alza por el tirón cada vez mayor de la ciudad de Valencia y del turismo religioso. Tiene un horario restringido al de culto de la iglesia y lo atienden el propio Jotabé, el campanero Raúl o alguno de sus compañeros.
La escalera de caracol encuentra alivio en los ocho ventanales abiertos que la iluminan y la oxigenan. Las cuatro campanas laterales en sus vates siluetean el chapitel, y junto a la que pende de su parte superior,llaman la atención principalmente cuando, en festividades señaladas como el Corpus o la Virgen, son tañidas a mano.
A partir de ahí, ya en la cima, solo resta disfrutar de la contemplación. La Lonja, los Santos Juanes, las Torres de Quart, el Mercado Central, la plaza de la Reina casi al completo… hasta los edificios pantagruélicos de la avenida de Francia o de Nou Campanar forman parte de la panorámica.
Una prueba de conocimiento de Valencia
Los objetos fácilmente identificables se acumulan. Incluso los que no lo resultan tanto, ya que la visión puede servir de prueba para detectar, por parte del observador, su grado de conocimiento de Valencia. Por ejemplo, identificando campanarios menos conocidos como el de San Bartolomé (junto a plaza de Manises) o el de la iglesia de San Miguel y San Sebastián (frente a Jardín Botánico).
“Depende de por qué lado mires puedes contemplar la Valencia gótica, la vanguardista, la administrativa… Tienes la posibilidad de distinguir la evolución de la ciudad a lo largo de los siglos”, resume Jotabé Gallego, un sacerdote que baja del púlpito cada fin de semana para compartir sus homilías a pie de bancada y que se prodiga en redes sociales.



