El inmueble que acoge el Principal, en pleno epicentro de Valencia, en la calle Barcas, donde abre sus puertas desde su apertura inaugural, en 1832, pierde su uso aunque mantiene su legado. Precisamente este último constituye el eje del drama que supone su cierre.
Su visión retrotrae al estreno operístico de El Gato Montés, del maestro Penella, o a La Venta de los Gatos, del celebérrimo maestro Serrano, o a la actuación del internacional Nino Bravo y Los Superson. O a los numerosos conciertos de la Orquesta de Valencia hasta que trasladó sus actuaciones al Palau de la Música, una instalación que constituye un antecedente dramático del Principal.
Lo es porque permaneció cerrado un cuatrienio largo, los mismos años que podría estar sumido en el silencio el teatro propiedad de la Diputación. Y lo hizo por un desprendimiento y una concatenación de hechos nunca suficientemente explicados por el anterior gobierno municipal ni asumidos por la concejalía que se ocupaba, de manera preferente, de gestionarlo.
Emblemas de la ciudad
Se trata de otra historia, aunque paralela por emerger ambos como recintos emblemáticos de la ciudad. Uno, el teatral, por su singular estilo rococó y la representación de la ebullición artística de la ciudad que ha supuesto durante dos siglos, y el otro, el musical, por reflejar el símbolo de la Valencia moderna, la que luego acabó de culminar con todo el enclave de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El icónico inmueble del Palau de la Música fue su preámbulo.
El cierre del Principal constituye una herida moral para la ciudad como lo fue en 2019 el del Palau de la Música. En ninguno de los casos se vio venir desde la percepción social. Ambas circunstancias -las dos clausuras- caen como un cascote sobre el alma artística urbana.
Por un lado, debido, evidentemente, por el fin eventual de su faceta de alojamiento y expositor de actuaciones de primer nivel. Por otro, por la singularidad de la edificación y por su ubicación céntrica. El teatro Principal no se encuentra en la enorme parcela que posee la Diputación de Valencia detrás del hospital Doctor Peset, donde podría pasar desapercibido. Lo hace, por el contrario, muy cerca del ayuntamiento de Valencia, en un espacio de inagotable circulación, en un lugar de amplia y continua visibilidad. El drama irrumpe constantemente ante la vista del transeúnte.
Motivos del dolor
En tercer lugar, por los recuerdos que atesora para quienes han vivido, normalmente (que en eso Dionisio era un maestro) ratos de disfrute. Ya sean escuchando una zarzuela, una ópera, un concierto, un monólogo o para quienes han asistido a los miles de actos que ha acogido ajenos a su actividad genuina, desde los anuales Jocs Florales de la histórica entidad cultural valencianista Lo Rat Penat hasta la gala de los premios de la Dirección General de Participación celebrada el pasado año, entre otros incontables eventos. Cada cual que escoja o que recuerde los que con más cariño guarda en su mente.
En estos casos, tanto en el pasado con el Palau de la Música como en la actualidad con el Principal, la primera pregunta que surge siempre es “¿por qué no hubo medidas de prevención previas que evitaron el cierre indefinido?”. Después, ya viene el sentimiento, el que induce a proferir el manido «¡Qué pena!» Y a interrogarse de nuevo con un “¿hasta cuándo?”.
Quizás sea una nueva venganza de Dioniso, como aquella con la que castigó a Atenas tras la muerte del antes citado Icario. El error de este último había consistido en compartir el vino (una bebida por entonces desconocida) con que le había obsequiado la deidad por hospedarla, con un grupo de pastores. Estos últimos, al notar sus efectos embriagadores, pensaron que habían sufrido un envenenamiento y arremetieron contra Icario. Su hija Erigone lo encontró muerto y se ahorcó. Ahí se desencadenó el drama, el castigo divino y la penitencia que derivó en representaciones que dieron origen al teatro.
Una historia desgarradora, como la del cierre del Principal por los numerosos problemas que afectan a su estructura y que no garantizan su seguridad. La esperanza la constituye que, como en el mito, de una tragedia pueda emanar algo ingenioso en un futuro. Un remedio que mitigue la herida.
