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Escalones de la Lonja: entre el deterioro, la historia y el riesgo

Cada vez más deteriorados y resbaladizos, los escalones de la Lonja, o de la calle Pere Compte, ven pasar los años mientras empeora su situación. Forman parte de la historia de Valencia y sirven a diario de asiento prohibido a decenas de personas y de lugar de paso para miles

Por Héctor González
Los escalones de la calle Pere Compte, junto a la Lonja, sufren un continuo desgaste.

La expresión escalones de la Lonja responde a diferentes realidades. Para diferenciarlas podríamos considerar la más histórica la relativa a la escalera de caracol diseñada por el maestro Pere Compte en el interior del monumento sobre la base de los planos de Francesc Baldomar.

En cambio, si habláramos de gastronomía podríamos citar el restaurante con ese rótulo ubicado en la calle dedicada a quien finalizó las obras de la emblemática construcción. Y si nos aferramos a la realidad cotidiana de miles de usuarios, nos referimos a los escalones para entrar en el protegido inmueble o, sobre todo, a los situados en la calle aledaña, más longevos y desgastados.

Precisamente esta calle lateral se denominaba, hasta 1996, Escalones de la Lonja, año en el que fue rebautizada como Pere Compte para recordar al cantero artífice de este centro secular de intercambio comercial que con brillantez refleja el gótico civil valenciano. Hace, por tanto, tres décadas que cambió su nombre; no obstante, esto no ha conllevado una mejora de su situación.

Suelo elevado

“El hecho de que el suelo de la calle esté elevado y al mismo nivel de la Sala de Contratación, se produce fundamentalmente por las bóvedas existentes en los subterráneos de sus casas aledañas, lo que obligó a su colocación, siendo mayor su número de escalones por donde se comunica con la plaza del Mercado”, explica Julio Cob, editor del blog Valencia en Blanco y Negro que recupera imágenes de la ciudad, únicamente tomadas en esas dos tonalidades, con relatos sobre su historia y significado.

Esa elevación queda superada por cinco escalones que no pasan desapercibidos debido a diversos motivos. El principal y más obvio lo confiere su propio uso, ya que cualquier persona que quiera enlazar tramos ubicados entre calle Caballeros y sede del Mercado Central ha de superarlos si busca escoger la vía más directa. Para ello ha de armarse de cuidado, tanto en una dirección como en otra.

Si se trata de subir los escalones, cada peldaño tiene una ligera inclinación en su porción más externa. Esto significa que no constituyen tramos homogéneos, ya que, al pisar, la parte trasera del pie, el talón, queda ligeramente más abajo. Esto resta firmeza a la pisada y pone en riesgo el equilibrio en un suelo que se caracteriza por ser resbaladizo.

Estrechos y peligrosos escalones

Si se trata de descender, la visión desde arriba resulta más estrecha y empinada que desde debajo. Además, ese descenso lo compromete el desnivel y el carácter resbaladizo antes citados más la falta de asideros en los laterales de una escalera de metros de amplitud. En definitiva, en caso de resbalón o desequilibrio no hay donde agarrarse. Estos escalones se identifican por “sus losas desgastadas por el constante paseo peatonal”, tal como define Cob, uno de los grandes divulgadores urbanos de Valencia. 

Ese desgaste también viene dado por el uso cada vez más habitual como asiento para descansar, comer o conversar. Lo sufren tanto como los vecinos de la propia entrada principal de la Lonja, más nuevos y de menor anchura. En este último caso, el Ayuntamiento sí que ha advertido de la prohibición de utilizarlos para esos menesteres, al igual que ocurre en las escaleras de la plaza de España en Roma, por ejemplo para el uso alimenticio.

Asientos para comer 

No obstante, mientras en la capital italiana agentes del cuerpo de Policía Local se ocupan de recordarlo a quien se sienta, en Valencia no suele ocurrir esto. Por esa razón, el Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural no ha dudado en avisar que “muchas personas miran el cartel y les da exactamente igual. El Ayuntamiento sigue sin tomar medidas más allá de lo que hay ahora. La señalética mediante este simple cartel ya hemos visto que no sirve de nada, y la presencia de la Policía Local es prácticamente inexistente. De tanto en tanto pasa un coche patrulla, pero, como norma general, nunca dicen nada a las personas que están sentadas y comiendo en los escalones de la Lonja”.

Además, en las fiestas falleras la polémica ha envuelto el entorno de la simbólica y salvaguardada construcción por ser receptor de vómitos y orines que contribuyen a deteriorar más si cabe elementos ya erosionados como los escalones de la Lonja. Estos últimos, mientras, frente a tanta degradación, continúan viendo pasar los años sin mejoras. Eso sí, cada vez más irregulares y peligrosos.

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