Autora: Estefanía García Tamayo
Quienes hemos vivido de cerca las consecuencias de la DANA sabemos que reconstruir no es solo levantar muros, arreglar calles o aprobar presupuestos. Todo eso es imprescindible, pero no suficiente. También hay que reconstruir la confianza, la rutina y la sensación de que los vecinos no se quedan solos cuando desaparecen los focos.
Paiporta sigue siendo, para muchos, una herida abierta. Hay avances, sí, pero también cansancio, incertidumbre y una necesidad muy humana de saber cuándo lo pendiente dejará de ser provisional. Después de una catástrofe, la normalidad no vuelve de golpe: se recupera poco a poco, con obras, con ayudas, con información clara y con escucha real.
Por eso, la reconstrucción debería medirse no sólo en millones invertidos, sino en vidas que vuelven a ordenarse. Porque para quien perdió su casa, su negocio o su tranquilidad, cada retraso no es un trámite: es otro día más esperando volver a sentirse en casa.
