Este artículo no va de pastas ni de pasteles, aunque bien lo merecerían los anteriormente citados (que pueden adquirirse en Olocau, San Antonio de Benagéber… o en el establecimiento hornero San Pablo, en la capital), sino de aquello que las apariencias pueden inducir a pensar, o que no desvelan. O sobre lo complicado que resulta resaltar cuando no existe una popularidad o un hábito de consumo respecto a esa marca y su aspecto no parece ser el más apetecible.
En la campaña electoral actual, que aunque no estamos oficialmente en ese periodo cronológico ya se vive por la virulencia creciente en el debate político, optan numerosos partidos a lograr alguno de los 16 escaños ofertados y competidos en la circunscripción de la provincia de Valencia al Congreso.
Están los cuatro poderosos y habituales, como en un horno valenciano se erigen ensaimadas, empanadillas, pasteles de boniato (en la esfera autóctona) o huesos de santo (si centramos en estos días el símil); más otros diez, en estos comicios estales, que completan el mostrador a escoger, como lo hacen el pan de chía, las palmeras de chocolate o… los malfets.
¿Quién los quiere? Aquellas personas a quien alguien se los ha recomendado, que han escuchado hablar de ellos o que los observan sorprendidos, se dejan guiar por la curiosidad y se atreven a probarlos.
Como ese cliente que esta misma semana escuchó el afán con que la compradora que le precedía pedía buñuelos de viento colocados en una nevera a la altura de las rodillas e indicaba que “están para chuparse los dedos” y optó por solicitarlos también en lugar de la posible caracola de chocolate por la que se iba a inclinar. No suelen estar situados en la primera fila del escaparate usualmente porque no gozan de tanta demanda.
En este caso, en la provincia de Valencia podrían situarse el Partido Comunista de los Trabajadores de España, el Se Acabó la fiesta del polemista exasesor en Les Corts Alvise Pérez, Frente Obrero, el Partido Animalista con el Medio Ambiente (PACMA) -antes, Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal-, el Partido Autónomos o Falange Española de las Jons.
El derecho civil valenciano
También, en la misma circunscripción provincial, la Valéncia Unida del perseverante Vicente González-Lizondo, hijo del histórico político de mismo nombre y apellido- o el novedoso Agenda Valenciana que encabeza José Ramón Chirivella, un abogado inasequible al desaliento y férreo defensor de una causa que engloba casi todas las demás por su importancia: la reintegración del derecho foral valenciano, el instaurado por el rey Jaume I y aniquilado por Felipe V tras la batalla de Almansa.
Desde entonces la normativa civil propia apenas logró rebrotar ocho años -entre 2008 y 2016- y sigue relegada al rincón del abandono pese a que su restitución supondría equiparar a la Comunitat Valenciana con otras autonomías como Baleares o Aragón en cuestiones legislativas.
Ese malfet también recuerda, en su sabor, al horno de un pueblo en el que puede surgir una formación local de donde no existían ni moldes, como el Partido de Requena y Aldeas que lidera Joaquín González y que controla, con sus tres ediles, el rumbo y el titular de la alcaldía del municipio cuyo topónimo luce en su denominación.
De Requena a Ontinyent
O el Ens Uneix del ex presidente de la Diputación Jorge Rodríguez, que apabulla con mayoría absoluta en Ontinyent o El Palomar, en la comarca de Vall d’ Albaida. O el Ciutadans d’ Alberic, dirigido por un Toño Carratalá que gana con la marca que se presente y que no solo ostenta la alcaldía, sino que se ocupa personalmente de áreas tan heterogéneas y relevantes en una población como Banda de Música, Deportes y Cementerio. Así es la política local, abigarrada y con sabor propio. Como los malfets.
Y todos estos partidos municipales, oriundos, no presentan papeletas al Congreso pero sí que agrupan o dirimen votos. En ciertos casos hacen algún pronunciamiento público y en muchos otros dejan que cada militante se incline hacia donde quiera en estas elecciones nacionales.
De cualquier modo, si alguna de las formaciones que sí que se presentan logra que lo prescriban en conjunto, pueden concitar la mirada y la curiosidad (y el voto). Como la clienta antes citada del horno que hablaba bonanzas de los buñuelos de viento y atrajo la vista y el apetito del cliente posterior. El escaparate, en definitiva, resulta amplio; aunque a veces la atención se centre en los productos situados en primer lugar.

