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Un broche de oro valenciano para cerrar el curso de la academia internacional nacida en la ciudad

“Sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública”. La primera acepción del término academia bien podría aplicarse, en su más extenso sentido y sustituyendo la conjunción disyuntiva ‘o’ por la ‘y’, a la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades (AICTEH).

Por Héctor González
Manuel Matrán (a la derecha de la imagen), en la ponencia que cerró el curso de AICTEH, la academia que preside el doctor Hoyo

Con sede en Valencia, esta institución destaca por el carácter polifacético de sus colectivo académico, cuyos integrantes pertenecen a ámbitos muy diversos; por el intercambio de conocimientos que eso produce mediante conferencias, encuentros o galas; y por la figura que la preside e impulsa su ensamblaje social, el doctor José Hoyo, experto jurista con un acentuado don de la ubicuidad.

La Academia nació hace 30 años en Valencia, y durante estas tres décadas ha promovido cientos de conferencias, abierto delegaciones en diferentes países de América, en Túnez, en Turquía o en Marruecos, además de en diferentes puntos de España. Y, sobre todo, ha promovido uno de sus objetivos principales, sumar voces y saberes.

El doctor Hoyo, junto a otros directivos de AICTEH

Para acabar de fusionarlos en un mismo proyecto organiza cada año una gala anual en la que entrega sus distinciones académicas en diferentes categorías y a personas que proceden de sectores sumamente heterogéneos, desde educación a abogacía, desde periodismo a ingeniería, desde sanidad a danza… Con ese espíritu de integrar conocimiento ha aglutinado, desde Valencia, a más de 350 académicos.

Y, precisamente en ese rol académico, cada año realiza un acto de apertura de curso y otro de cierre. El último, el de clausura, tuvo lugar este jueves 11 de junio en la sede de la centenaria entidad cultural Lo Rat Penat, lugar habitual de las conferencias de académicos de AICTEH. “Cuando la ciencia se razona con ética y se entrega con sentido el conocimiento, deja de ser datos”, esbozó en un breve discurso el doctor Hoyo junto al estandarte con el lema académico (In fidelitate veritas et patientia), que enarbola la fidelidad como cimiento.

“Buscamos trazar líneas no para dividir, sino para orientar. Se trata de un diálogo entre técnica y filosofía, del algoritmo con la conciencia”, señaló el máximo responsable de la entidad para anunciar, a continuación, que el curso académico se reanudará el 24 de septiembre, “con el mismo compás para trazar el futuro”.

El coronel Crespo recibió la credencial de académico de honor de manos del doctor Hoyo

La conferencia de clausura la impartió el historiador Manuel Matrán Panadero. Lo hizo para exponer un tema que encaja bastante con el origen de la academia -Valencia- y con su espíritu de potenciar el saber. En concreto lucía como título ‘Siglo de Oro valenciano, parte de nuestra historia’. “El amor por la historia es el amor por nosotros mismos”, introdujo el también guía del Museo de Historia Militar de Valencia.

A partir de esa frase comenzó a detallar la pujanza de la urbe en el siglo XV, el resumido con ese barniz áureo. Empezó aludiendo al monarca que lo representa, Alfonso V, con su conquista de Nápoles y el asentamiento de Valencia como eje de la Corona de Aragón. “La prosperidad del comercio marítimo transformó la ciudad. Somos un pueblo aventurado desde el mar”, apuntó, para citar, a modo de ejemplo de esa potencia marinera, la amplia e intensa labor desarrollada en las atarazanas reales.

Construcciones del Siglo de Oro valenciano

Saltó al mercado, con la exposición de una recreación visual del entorno que hoy engloba el recinto central mercantil, la iglesia de los Santos Juanes y la Lonja.  “El comercio, la economía y la cultura fueron los pilares del Siglo de Oro”, resumió, para aludir a esa lonja de la seda como ejemplo de edificación de aquella época.

También citó el impulso que experimentó la catedral, la construcción de las torres de Quart y Serranos, el actual Palau de la Generalitat, la reconstrucción de la iglesia de San Juan del Hospital -de planta mozárabe- o la creación de la de San Nicolás, “con la capilla sixtina española”. El puente de la Trinidad, con su conversión de madera a piedra, tampoco faltó en la relación, o el influjo en edificios más recientes, como el del Reloj, en el puerto.

De los imponentes inmuebles históricos transitó a las personalidades culturales. Los maestros Luis Dalmau y Miguel Alcañiz, el escritor Joanot Martorell con el imponente legado del Tirant lo Blanch, Ausiàs March, Isabel de Villena, Jaume Roig, Francesc de Eiximenis, la implantación en España de la imprenta desde Valencia… “como decía Sorolla, no hay arte como el arte valenciano”, enfatizó el historiador Manuel Matrán.

Su ponencia y la posterior intervención musical de la violinista Angie Martínez constituyeron el colofón al curso de la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades.

 

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