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Un libro trata por primera vez la evolución del retrato valenciano

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Portada del libro

La retratística no ha concitado demasiado interés entre los historiadores del arte valenciano, al menos hasta ahora gracias a Pintores, obras y donantes. El retrato valenciano de los siglos XIV-XVI (Fundación Vinatea Editorial, 2026), obra de la montcadina Mª. Amelia Casaña Pascual. Un libro que repasa algunos de los principales hitos de este género artístico a través del estudio de diversas pinturas donde aparecen estos, desgranando los pormenores de sus biografías -más o menos conocidas en unos casos y casi desconocidas en otros-, así como de los pintores que los realizaron entre la baja edad media y el renacimiento, a los que también dedica su atención al tratar sus diversas trayectorias profesionales.

La obra, con un centenar largo de ilustraciones, casi todas a color, nos introduce en la historia general del retrato mediante de su evolución, función y tipologías, hasta de quienes los encargaron en una primera parte, para abordar en profundidad los retablos valencianos en los que aparecen efigiados sus donantes. De manera que, cronológicamente, trata las figuras de Starnina, Antoni Peris, Gonçal Peris Sarrià, el Maestro de San Lucas, Lluís Dalmau, Jacomart, Joan Reixach, Bartomeu Baró, los Osona, Paolo da San Leocadio, Pere Cabanes, Bartolomé Bermejo, Fernando Llanos y Joanes, pintores valencianos en su mayoría -pues otros de sus colegas dejaron en Valencia lo mejor de su producción en distintas etapas-, y sus pinturas en las que aparecen personalidades como las de Bonifaci Ferrer y Jaumeta Despont, Romeu de Corbera, Joan y Galcerà Sivera, Alfons de Borja, Francesc Maresme, Gonzalo de Espejo, los consellers de Barcelona como retrato grupal, Bernat Estellés, Sancho Falcó, Gaspar de Pertusa, Lluís Despuig, María Enríquez y su hija, Antoni Joan, Francesco della Chiesa, Rodrigo de Mendoza (o Jeroni de Vich), Joan Baptista Anyés (el venerable Agnesio), Brianda Maza de Lizana y Carroz de Arborea, Alfons el Magnànim o Tomás de Villanueva, entre otros. Además de profundizar sobre los posibles autorretratos de Joanes y Onofre Falcó.

Un repaso detallado por la mejor pintura de un período excepcional que viene a coincidir con el Siglo de Oro de la cultura valenciana, y muy entretenido por relacionar a los pintores con sus comitentes a través de las obras que han llegado hasta nosotros y que nos siguen interpelando después de tantos siglos. Un viaje por la historia del reino de Valencia narrada por unos y otros de forma amena, sobre todo cuando nunca se había hecho y el retrato tampoco había sido ponderado con justicia a pesar de los muchos testimonios que, afortunadamente, todavía se conservan de aquellos promotores que confiaron su inmortalidad a grandes pintores.

Mª. Amelia Pascual nos deja, pues, la primera incursión a un género que merece, sin duda, mayores atenciones de las que hasta el momento le ha dedicado la historia del arte valenciano. Obra primigenia, aquí reside su gran valor, a la que deben de seguir otras en este sentido que ahonden en la importancia que tiene la retratística en el arte, en este caso la pintura.