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Marisa García-Merita - Presidenta del CVPM Este año, como viene siendo habitual en las últimas décadas, los incendios ya nos están mandando señales de que se preparan para

Marisa García-Merita – Presidenta del CVPM

Este año, como viene siendo habitual en las últimas décadas, los incendios ya nos están mandando señales de que se preparan para arrasar nuestros montes. Las zonas de gran valor ecológico, que aún no hayan desaparecido, desaparecerán. Volveremos a sentir el sufrimiento y la angustia de muchas personas que verán peligrar o desaparecer sus casas, sus animales (también los salvajes), sus árboles, su medio de vida. Poco a poco, pero sistemática y contundentemente, España se quema, se destruye. Esto, especialmente, será trágico para las personas mayores porque saben que ya nunca volverán a ver sus montes recuperados, ni sus casas con toda su historia.

Recordemos que el calor, el viento, los rayos, no son suficiente explicación para que esto ocurra. No aceptemos resignadamente estas tragedias como algo “natural” e irremediable. No es así, desgraciadamente, detrás de muchos incendios está la mano del ser humano. Pirómanos, personas irresponsables, sujetos que sacan algún beneficio económico con ello. Muchas son las variedades de “asesinos” de nuestra tierra, pero una cosa es innegable, que estos diferentes tipos de vándalos lo tienen fácil, pues nuestros montes están perfectamente preparados para su destrucción. Cualquiera puede darse cuenta de que están sucios a rabiar. Matorrales, hierba seca, ramas resinosas de pinos hasta casi el suelo, otras, ya secas, con sus piñas a modo de bombas de racimo, son lo habitual y convierten el bosque en un polvorín.

Son necesarios muchos más esfuerzos por parte de la administración, mejor dicho, de las administraciones. Hay que endurecer las penas para los “pirómanos” y los “irresponsables”. Pero sobre todo hay que limpiar los montes, tanto los públicos como los privados. En este sentido, todas las personas hemos visto que, por ejemplo, un bosque está limpio hasta la mitad de la ladera del monte y la otra mitad no. Si preguntan porque ocurre eso, posiblemente les dirán: “es que una zona es de un particular y la otra del estado”, o bien que una zona es del municipio X y la otra del municipio Z. No sé lo que ustedes pensaran, pero cuando yo tome conciencia de esa absurdez me quedé atónita ¿creían las administraciones correspondientes que el fuego distinguiría entre titularidades?

Siguiendo con la limpieza, creo que es un error y un contrasentido que, con la intención de preservar ciertas especies vegetales, pongamos en peligro los parajes naturales donde están esas especies, destruyendo de manera más potente no solo a esas especies vegetales que queríamos proteger sino a cientos de hectáreas de vida vegetal y a la fauna que albergaba. Estoy convencida que debe haber algún sistema que pueda combinar la preservación de cierto tipo de flora con la limpieza selectiva de nuestros montes.

En resumen, si no queremos asistir a la destrucción de nuestro medio ambiente hay que actuar con rapidez, de lo contrario será demasiado tarde.  Hay que limpiar los montes, generalizar los sistemas modernos de vigilancia y detección de fuegos, revisar la legislación sobre delitos ecológicos para que ningún incendiario quede impune, potenciar la educación medioambiental y dedicar muchos más medios técnicos y humanos a la lucha contra los incendios, especialmente a la prevención. Además, sería importante un plan nacional que incluya la repoblación de las zonas quemadas, con participación de las distintas administraciones, que impida que zonas calcinadas hace 30 o 40 años sigan presentando un aspecto desértico que conmociona. En mi caso les confieso que cada vez que paso por el puerto de Albaida y veo sus montes áridos, aún recuerdo con lágrimas en los ojos aquel enorme y maravilloso bosque que se quemó en 1978 y jamás se ha recuperado.

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Marisa García-Merita