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El centro de Valencia gira a ‘la cultura del táper’ con el auge de la cocina tradicional para llevar

En la serie The Middle, rodada entre 2009 y 2018 y ambientada en un pueblo de Indiana, en el interior de Estados Unidos, la familia Heck se reúne cada noche en la cena. Su menú varía relativamente, pero siempre se basa en comida comprada en algún lugar y traída a casa empaquetada. Normalmente se trata de hamburguesas, pollo o burritos. Esa costumbre, que podría chocar en Valencia hace algunos años, ahora resulta una práctica bastante cotidiana. Y no únicamente por la demanda de productos a domicilio de grandes cadenas o restaurantes menores, sino por la proliferación en locales y supermercados de la comida autóctona para llevar. El centro urbano se está adaptando a ese cambio de hábito.

Por Héctor González
El 10% de los puestos del Mercado Central ya se dedica a vender comida para llevar

En el escaparate de Tía Teresa La Casona, en concreto en el puesto ubicado en un punto central del pasillo Sorolla que recorre el Mercado Central, durante lustros han compartido espacios muslos, alas o pinchos, todo a base de pollo. Tenían su demanda y el local abría a primera hora de la mañana. En la actualidad la cola de adquisición concentrada resulta mayor y su horario de apertura ha disminuido. El motivo: ha sustituido su oferta por la de comida para llevar o en táper, sobre todo de paella.

No se trata del único puesto del principal recinto mercantil minorista de la ciudad adaptado a ese segmento de negocio. Alrededor de una veintena, de hecho, se dedica, principalmente por reconversión empresarial, a esta práctica de ofrecer platos elaborados ya directamente para ingerir. La mayor parte se ubica cerca de la entrada que entronca la avenida del Oeste con la calle Calabazas. Conviven expositores centrados en la gama del arroz con otros especializados en comida italiana, peruana o en tortillas.

Esa oferta de comida para llevar, que en el Mercado Central orienta en la actualidad casi al 10% del total de 240 puestos que abren a diario, se ha extendido al centro de Valencia. Hasta hace escasos años, en el área que circunda la plaza del Ayuntamiento trazando una cruz (o un cardo y un decumano al estilo romano) desde plaza de España hasta la Lonja, por un lado, y desde Guilem de Castro hasta Colón, por otro, apenas suministraba esta oferta un local de la cadena Rubio. Mientras, en la antes citada Guillem de Castro, antes de las torres de Quart, diariamente, del mismo modo con relativa antigüedad, expone su elaboración otro establecimiento específico del sector, El Centro Valencia, con modelo de pequeño negocio.

La situación ha variado ostensiblemente en el último bienio. El pequeño establecimiento Rice Paella, ubicado en la calle Músico Peydró y regentado por los hermanos Montero, despunta como uno de los pujantes por su singularidad, centrada en un producto gourmet. La ración de paella cuesta 6,40, casi dos euros más que en otros locales; no obstante, el matiz pecuniario también se traslada al sabor. A ese detalle cualitativo suman sus especialidades, como la fideuá con agua de coco, el arroz de calabaza, cebolla caramelizada y sepia o el de coliflor y costillas. Cada día alternan en su reducido mostrador.

El establecimiento de Mercadona ubicado en la calle San Vicente, a apenas 50 metros de la plaza de San Agustín, ha apostado igualmente fuerte por el concepto de comida oriunda para llevar o para consumir en un pequeño comedor, con cubertería y microondas, habilitado tras su entrada principal. Ofrece un amplio elenco de arroces, pollo, tortillas y expande la gama de platos de temporada, como el pastel de atún frío. En el local de la calle Lauria siguen la misma senda.

La sucursal de Dialprix ubicada en la avenida del Oeste, también a medio centenar de metros de la anteriormente citada San Agustín aunque desde la otra perspectiva, del mismo ha visto esa demanda creciente de platos ya preparados. Para afrontarla, ha eliminado gran parte de su supermercado tradicional y lo ha convertido en comedor, con mesas y un punto de servicio para rellenar envases que llevarse. La reinauguración la ha llevado a cabo hace escasas semanas, con precios en la ración de paella o la de arroz al horno que se quedan en 3,95 (Mercadona lo tiene en el antes citado 4,50).

Una gran cadena como Consum tampoco se ha quedado atrás, aunque todavía no ha llegado tan lejos en la metamorfosis. A su surtido clásico de ensaladas ha sumado las más sofisticadas de la marca Lassal que ofrece en su local de la calle Hospital. Lo hace separadas del resto, de su propia elaboración, en la que extiende la gama de arroces o de productos de origen asiático como tallarines o yozas. Precisamente la citada cadena Lassal dispone de un bajo comercial propio muy cerca, en la misma calle San Vicente, en el que suministra también directamente sus platos.

Más turismo, comodidad, subida de precio de alimentos…

Podríamos expandirnos e incluir, desde luego, a los supermercados de El Corte Inglés o a establecimientos del mismo sector que proliferan en los aledaños del Mercado de Colón o en el entorno de la calle Guillem de Castro. Y todo ello sin incluir a hornos como San Pablo, que han aumentado su oferta de bocadillos o pizzas, y a los incontables bares, restaurantes y franquicias de cadenas que nutren, con sus productos, a transeúntes. Y también sin contar los bajos dedicados a cocinar para reparto a domicilio y alguna entrega in situ puntual. Nos centramos en platos preparados más autóctonos para llevar.

La tendencia a facilitar la ingesta de platos preparados se ha disparado en el centro de Valencia con el auge del turismo y su vinculada práctica del ‘take away’ y a la ‘cultura del táper’, la necesidad de proveerse de quien trabaja en el cogollo de la ciudad y se desplaza hasta allí para hacerlo, y el incremento del precio de los alimentos. Esto último provoca que casi cueste el mismo dinero comprar los ingredientes para elaborar un plato que adquirirlo ya hecho en locales que los confeccionan al por mayor y logran ajustar más los precios. Además, esto segundo resulta mucho más cómodo.

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