Las presentaciones de libros suelen concitar debates sobre sus autores y respecto a la misma compilación de ideas o de historias en las páginas que generan. No obstante, en algunas ocasiones derivan en una conversación sobre el contexto, respecto al lugar y el tiempo en el que se desarrollan los acontecimientos narrados. Así ocurrió en la reciente presentación del libro La Lonja de la Seda en el Casino de Agricultura de Valencia.
“No sé por qué me hice abogado, si siempre me ha gustado la historia”, comenzó, a modo de confesión, este prolífico autor que centra su obra en la ciudad del Miguelete, entre los siglos IX y XV. Relata habitualmente sumergido en la Edad Media. Lo hace con el modelo “híbrido” de novela histórica que prolifera y, que se basa, tal como explicó, en sazonar su trabajo escrito con detalles enigmáticos, detectivescos, eróticos…
“El siglo XV supuso el cambio de mentalidad; se pasó de un orden inamovible, en el que nobleza y clero se situaban en los primeros peldaños sociales, a otro en el que los mercaderes reflejaron que, con talento, esfuerzo y suerte, se podía progresar. Que fletando un barco con mercancía del Grao de Gandia era posible recorrer Europa”, apuntó Ferrándiz, quien resumió el concepto en que “siendo un mercader se podía aspirar a todo sin perder el alma”.
Y esa manera de pensar, o de adentrarse en el futuro, constituye una herencia actual valenciana que no duda en señalar el escritor que viene transmitida de actitudes como aquella medieval que supuso una variación de tendencia. O la inclinación a festejar con estruendo de fuegos de artificio, que ya en el siglo XV marcaba las grandes celebraciones.
Ocurría en una Valencia pletórica, con “mucho comercio y dinero”, que despuntaba por su volumen de población en Europa, además de por la proliferación de relaciones mercantiles en ese entorno, por vivir su siglo de oro literario, por contener el mayor prostíbulo europeo regulado con todos los detalles o por acoger a emigrantes genoveses que extendieron, formando a discípulos valencianos, métodos laborales más modernos con la seda.
En ese contexto en que también abundaban curanderas, comadronas… o que aparecen casos de corrupción que ponen en peligro la construcción de edificios monumentales, o que brillan personajes históricos como Isabel de Villena, la Lonja de Valencia emerge como epítome de la extraordinaria pujanza de la ciudad.
Y, siglos después, también ha ejercido de musa inspiradora de la gran obra de Juan Francisco Ferrándiz, que podría tener una continuidad -lo insinuó sin confirmar el propio autor- y convertirse en saga al estilo de las de Ken Follet, igualmente ambientada en el Medievo, o las del también valenciano Santiago Posteguillo sobre personajes de Roma.
