Su currículum como presidente de Liderarte, de la Asociación Europea de Organizaciones con Alma, de la Asociación Europea del Bienestar, de la Asociación Internacional Dale la Vuelta a la Tortilla y del Parlamento de Líderes Latinoamericanos, además de autor de ese libro con un título a la par gastronómico y psicológico como ‘La receta del bienestar’, lo avalaba. No obstante, en su presentación simplemente constaba como académico correspondiente de la Real Academia Europea de Doctores. Nada de todo lo otro se anunció no si comentó como preludio a su alocución.
Su intervención quedaba intercalada entre la del presidente de AICTEH, el doctor José Hoyo, quien, no obstante, acostumbra, con su singular estilo dispersivo y cultivado que entremezcla elogios, crítica e ironía en porciones similares, a saltarse su propio protocolo e intervenir con reiteración, y la del máximo responsable de la citada academia europea, Alfredo Rocafort.
El afecto no figura en ningún diploma
Bonasa venía directo desde Madrid a Valencia teóricamente a hablar de liderazgo en abstracto o de manera genérica. Pese a ello, decidió saltarse ese presunto guion y trasladar su discurso a la práctica utilizando a ambos referentes académicos como hilo conductor. “Poner personas en relación y no banderas en una página web”, señaló para referirse a la labor de un líder. A continuación, lo reflejó en Hoyo, a quien identificó como “puente”, entre “derecho y humanidades, entre España e Iberoamérica”, por su prolífica tarea al frente de la academia con sede en Valencia y que se expande hacia diferentes países.
Respecto a Rocafort, procedente de Barcelona, resumió su trayectoria en un ascenso constante. “No ha llegado en ascensor, ha subido por las escaleras”, comparó con tino.
“Hay personas que crecen dentro de ti a medida que las conoces”, indicó para compilar su percepción de los dos aludidos, aunque como sentencia que bien puede formar parte destacada de las reflexiones en alguna de las entidades que preside. “El afecto no figura en ningún diploma, se gana”, remató.

“En la auditoría del legado no se pegunta cuántos cargos ocupaste, sino qué hiciste con ellos. El liderazgo sobrevive al cargo”, continuó Bonasa con un discurso embelesador pronunciado a ritmo trepidante. “El dirigente inseguro cree que reconocer al otro lo hace frágil; el líder sabe que se trata de abrir al talento”, apuntó, para ejemplificar esa apertura a ambas academias, tanto la internacional como la europea, integradas por eruditos de múltiples ámbitos.
“Algunas personas llegan a nuestra vida por casualidad, y hay otras a las que uno siente la necesidad de presentar”, recalcó para expresar cómo ejerció de nexo de unión entre Hoyo y Rocafort. Después de su original intervención, que no partía de una presentación ampulosa, ni la realizaba con libro propio bajo el brazo y mirada estudiada al público, ni la lucía con el revistimiento artificioso con el que se adornan y publicitan algunos supuestos gurús del impulso personal, Bonaso se sentó entre el público dejando paso y palabra a los dos protagonistas.
Eso sí, no lo hizo por mucho tiempo, ya que el dadivoso doctor Hoyo lo llamó a la tarima escasos minutos después para hacerle entrega del diploma que acredita su nombramiento como académico de honor y, a la vez, de una de las insignias más prestigiosas de la entidad. Luego, mientras todavía resonaban las palabras de Bonaso en el salón de actos de la entidad cultural Lo Rat Penat, donde se celebró el pasado jueves 24 este acto de apertura de curso de AICTEH, intervinieron ambos presidentes.
