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Lo que sorprende y lo que ya no asombra tanto de Valencia a los turistas según la experiencia de una guía referente

Celia Peris conoce la ciudad de Valencia al dedillo. Cada día repasa algunos de sus rincones por curiosidad y, sobre todo, por inquietud profesional. No suele hacerlo sola. Acostumbra a acompañarla un grupo de personas al que guía, ya que se dedica a esta labor. Dirige una empresa con su nombre y apellido que presta el servicio, entre otras actividades, de conducir rutas turísticas organizadas por el Ayuntamiento de Valencia en diferentes barrios. Con ese bagaje y práctica, puede recorrer y describir con soltura desde Patraix a las pedanías del sur.

Una reciente visitada guiada por Celia Peris que entra en el Pouet de Sant Vicent.

Y también contar aquello que percibe en las calles y la evolución de la capital autonómica en los últimos años. Presidenta de la Asociación de Guías de Turismo de Castellón, de la comisión de turismo de la Asociación de Empresarios del Camp de Morvedre y propietaria de su empresa Celia Peris Visitas Guiadas, tiene claro que el intrusismo en su profesión y la proliferación de ciclistas pedaleando por zonas urbanas en las carecen de preferencia constituyen dos de los problemas con los que más se topa a diario.

Insiste en la defensa de la titulación oficial para ejercer de guía y lamenta el perjuicio que genera la falta de formación. “Un italiano que está de Erasmus en Valencia no conoce las costumbres, la cultura o las tradiciones de la ciudad para poder explicarlas con exactitud”, pone como ejemplo, para subrayar con pesar que “existe al menos un 30% de intrusismo en Valencia dentro del ámbito de guías, con personas que incluso, por medio del uso de altavoces explicando a grupos, generan contaminación acústica, o entran en lugares a los que no les está permitido”.

Celia Peris, en el coloquio con la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo.

Del mismo modo, hace hincapié en la grata sorpresa que genera a los visitantes la limpieza de la ciudad y en cómo el Mercado Central ya se ha convertido en un enclave reconocible que, por el contrario, no ocasiona tanto asombro por el hecho de ya saber con qué se van a encontrar. Y respecto a este inmueble explica que la mayoría de visitantes entra no tanto para admirarlo sino con el objetivo de hacer acopio de comida para llevar y, posteriormente, ingerirla en los desgastados escalones de la Lonja o en la concurrida plaza de Brujas.

Con su óptica de paseante diario y narradora verbal cotidiana de los encantos urbanos, señala variaciones en la temporada de visitas guiadas. Septiembre ya supera a octubre y abril y mayo despuntan igualmente como meses fuertes. “En verano vienen más italianos y franceses que buscan, principalmente, playa, y no tanto recorridos por el centro histórico”, comenta, para remarcar la tendencia de la pujanza de la peregrinación, de origen nacional e internacional, con destino final en la capilla del Santo Cáliz para contemplar la copa sagrada vinculada a la Última Cena, que reposa en la catedral de Valencia.

Sobre estas reflexiones abundó en el último coloquio de la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo, a la que acudió como invitada para aportar su visión profesional, avalada por sus lustros de experiencia, que también da pie a anécdotas. Una de ellas está relacionada con la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la pantagruélica instalación que simboliza la Valencia moderna y a la que algunos visitantes suelen denominar ‘Museo de las Artes’. De ahí que alguna vez, antes de percatarse de esa desviación o confusión en la nomenclatura, Peris derivara a quien le pregunta a enclaves que sí que asumen ese nombre, como el Museo de Bellas Artes, el San Pío V.

Esta dinámica guía aboga por una expansión del turismo al extrarradio, ya que se ha concentrado en la metrópoli, un hecho que, desde su punto de vista, aboca a una sentencia. “Valencia ha muerto de éxito. Lo digo con el sentimiento de quien adora la ciudad”, señala, para recalcar la ingente cantidad de personas foráneas que la han descubierto en los últimos años como enclave para vivir, aunque sea por temporadas, y que llegan con un poder adquisitivo muy superior al de los autóctonos, lo que genera una competencia desigual en el acceso a la vivienda.

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Cultura y Patrimonio Guías Héctor González