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Fiesta blanca: la última sorpresa en el Mercado de Colón

Ropa completamente blanca al estilo que identifica el verano ibicenco y collares florales estilo hawaiano o tahitiano colocados en el cuello al entrar en la fiesta. El Mercado de Colón ha sorprendido esta semana con una nueva iniciativa: su primera fiesta blanca. “Para sentirte que estás en casa”, resume José Manglano, presidente de la asociación de comerciantes del citado recinto, para definir esta actuación.

Por Héctor González
El Mercado de Colón, ubicado en el barrio del Ensanche, ha organizado su primera Fiesta Blanca.

El céntrico espacio, que cumple 120 años desde la entrega de llaves en aquel lejano 1916, se ubica en un complejo cruce de las calles Cirilo Amorós, Conde Salvatierra, Martínez Ferrando y Jorge Juan, en el cogollo de Valencia y en uno de sus barrios más chic, el Ensanche. Tras quedar sumido en el abandono a finales del pasado siglo, resurgió con el inicio del presente, el XXI, para exhibir todo su potencial de edificio modernista.

Su casi veintena actual de locales, que abarcan desde cervecerías a frutería, desde pescadería a quesería, o desde un pub hasta un restaurante vietnamita, sin olvidar la presencia, entre otros, de una horchatería heredera de la estirpe del mismísimo Daniel Tortajada, el rey de este líquido nutritivo y quien le dio un impulso definitivo en el último tramo del siglo XX, abren cada día.

Angel Adalid, Jose Ortiz, Christian Jardel, Aurelio Comes, Anabel Navas, Jose Manglano, Steve Anderson y Luis Lázaro
Angel Adalid, Jose Ortiz, Christian Jardel, Aurelio Comes, Anabel Navas, Jose Manglano, Steve Anderson y Luis Lázaro

Esto no resulta noticioso, ya que ofrecen su producto a un público que cada vez lo llena y lo habita más. Tampoco, que los sábados se ha asentado como epicentro del tardeo valenciano, y que uno de sus locales más emblemáticos, Mi Cub, dirigido por Anabel Navas, se ha convertido en baluarte de la innovación en cocina autóctona con su ciclo ‘Las 4 estaciones de la terreta’, que recupera elaboraciones gastronómicas propias y les da un toque nueve coincidiendo con el inicio de cada estación del año. También organiza un concurso de una confección culinaria tan propia del distrito marítimo de Valencia como es la titaina.

Todo esto se ha consolidado ya casi como hecho cotidiano. No obstante, la dirección del Mercado de Colón decidió obtener otra etiqueta de notoriedad esta semana. Tras años precedentes impulsando actividades como conciertos o la tarde de los mercaderes, este verano ha orquestado su primera fiesta blanca.

Para ello acotó este martes un lateral de la parte superior de las instalaciones, entre los puestos ambulantes del centro y la escalera mecánica, con una cinta roja. Un nutrido grupo de asistentes a quienes se invitaba a asistir de blanco, un grupo de música y la exposición de productos típicos de los comerciantes, desde ostras a quesos, jamón, gambas, cervezas o vinos, completaron un expositor efímero en el recinto mercantil.

Un grupo de música amenizó la fiesta.

La fiesta no duró mucho, ya que la semifinal del mundial  de fútbol, con el partido de España-Francia, constituía una prioridad a escala nacional y un motivo de primer orden para recluirse ante una televisión. No obstante, sí que se alargó lo suficiente para tiznar de aroma a verano y a ocio un espacio que se ha consagrado precisamente como referente en Valencia de esto último, de esparcimiento. En paradigma de la esencia disoluta, alegre y festiva del modus vivendi autóctono.

“El Mercado de Colón es más que un sitio donde comprar; se ha convertido en un ágora para locales y visitantes, en un lugar donde sientes que estás en tu casa, que es propiedad de la gente”, sintetizaba José Manglano en su breve intervención, simplemente un inciso en la fiesta blanca, un color más de los que identifican al policromático y versátil Mercado de Colón.

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