Esa superficie, tras la conquiste de la urbe por Jaume I y sus huestes en 1238, la empezó ocupando una pequeña ermita dedicada a San Pantaleón y Santa Ana que más tarde fue rehabilitada. El fraile Francisco Salelles impulsó el convento posterior. Después, con la ampliación de la muralla inicial, a finales del siglo XIV, pasó a formar parte del intramuros de Valencia. Una de las puertas de la ciudad daba a lo que en la actualidad constituye la esquina entre las calles San Vicente y Guillem de Castro. El campanario, por aquel entonces, se encaraba hacia ese punto.
Convento, monasterio, presidio, cementerio, entorno de prostitución, linde con la antigua entrada a Valencia, enorme biblioteca, garaje improvisado, guardián de reliquias… la iglesia de San Agustín arrastra una larga historia que ha determinado su entorno, hasta llegar a la imagen actual, fruto de la reconstrucción guiada por el arquitecto Javier Goerlich Lleó en 1940, que también moldeó la plaza. De todo ello los lectores de El Meridiano recibieron amplia información en el artículo Las múltiples caras de la iglesia de San Agustín.
En las últimas décadas este espacio también ha experimentado diversos retoques que lo han convertido en islote de parada de múltiples autobuses, han ampliado su espacio peatonal y han derivado en complejos giros para los vehículos que lo encaran desde la calle San Vicente. Nada como lo que ya ha empezado y le espera.
Su nuevo aspecto, no obstante, lo mostrará en ocho meses a contar desde finales de septiembre. Esa terminación coincide casi exactamente, desde el punto de vista cronológico, con el último domingo de mayo de 2027, fecha en la que tendrán lugar las próximas elecciones locales.

«Antes del próximo verano, la plaza de Sant Agustí lucirá más verde, con más sombra y más amable para el peatón”, según ratificó la alcaldesa, María José Catalá, en la preceptiva visita al inicio de la intervención. La primera etapa se desarrolla sobre una superficie de 9.166 m2. La calle Osca se convertirá en peatonal y quedará ampliada la acera junto a la popular Finca de Hierro. La nueva configuración reservará 4.766 m2 a los desplazamientos a pie, 433 m2 más que en la actualidad. La población de árboles pasará de 14 a 69.
La propuesta que ha logrado la adjudicación lleva como elocuente denominación Escalera de color, posiblemente por el cromatismo variopinto que destaca en su proyecto. «La plaza de San Agustín se concibe, además, como un espacio refugiado del tráfico por las jardineras y la nueva vegetación, y dotado de sombra con unas pérgolas ligeras. Propone también facilitar la infiltración del agua al terreno, mediante parterres, alcorques y pavimentos permeables, lo que contribuye a la sostenibilidad de la propuesta», destacan desde el Consistorio.
Una transformación más en la dilatada historia de este espacio que emergió como enclave periférico a las murallas, logró posteriormente integrarse junto a la puerta de entrada a la ciudad, ha evolucionado con el paso de los siglos con mayor o menor brillo y degradación y mostrará nueva imagen en unos meses, en la antesala de los próximos comicios municipales.
