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Las 24 horas de la imagen de San Vicente entronizada en la calle que preserva una tradición de 400 años

Al ritmo del Himno Regional del maestro Serrano y Maximiliano Thous, entonado por cientos de personas, subía lentamente la imagen de San Vicente, el pasado lunes, a la cúspide del elevado trono instalado en la replaceta de la replaceta que configura la calle San Vicente entre sus números 26 y 28. Lo hacía con lentitud, ante la mirada atenta del público congregado y, sobre todo, de un grupo de niños que esperaba a que estuviera casi en la cúspide para lanzar petardos con serpentinas.

Por Héctor González
Trono
Imagen de San Vicente entronizado en la mañana de ayer

Una vez en su lugar, izada con parsimonia por un sistema de poleas, fue disparada una luminosa mascletá que enlazaba la plaza de San Agustín con la entrada a la calle de María Cristina. Y con esa solemnidad se dispersó el público y quedó, en solitario, la imagen del histórico santo, político y padre espiritual de Valencia, de San Vicente Ferrer.

Con discreción, desde su tarima, ha observado el devenir de la ciudad durante 24 horas, aquella que tanto ha cambiado en siglos, aunque para quien la contempla, como es su caso, con tanta continuidad, quizás, en la esencia, no haya variado de manera tan significativa. Entronizada, quien así lo deseara podía acercarse a orar bajo la imagen, destacada a unos cuatro metros de altura. Se situaba muy cerca de la Menina de Valdés. Y allí ha permanecido durante casi toda la jornada del martes 16.

Prácticamente a la misma hora en la que se depositó el lunes tras una solemne procesión presidida por la Fallera Mayor de Valencia, Carmen Prades; y la Clavariesa Mayor de la Fiesta de los Niños de la Calle San Vicente, Yolanda Pérez, fue descendida la insigne figura el citado martes.

La imagen de San Vicente, ya a última hora de la tarde, antes de descender

Lo hizo tras contemplar, desde esa atalaya, la representación de uno de los clásicos ‘miracles’ que se le atribuyen, en este caso el de L´avar arrepentit, a cargo, por supuesto, de un grupo de niños que supuran entusiasmo y precoz habilidad oratoria.

De este modo concluía la apoteosis de los actos de la Fiesta de los Niños de la Calle San Vicente, una celebración que debe su raíz a la casa de huérfanos habilitada, centurias atrás, en esta vía principal de Valencia. De sus orígenes y actividad existen reseñas ya en el siglo XIV. San Vicente Ferrer impulsó el cuidado de los múltiples menores que transitaban, en situación de abandono, por las calles de Valencia.

 

Un instante de la representación del miracle de Sant Vicent

Posteriormente, algunos vecinos de la citada vía urbana constituyeron, bajo el patronato de San Vicente Ferrer, la asociación de aludida Fiesta de los Niños de la Calle San Vicente. La configuraron en 1625, hace ya más de 400 años.

Desde entonces la entidad, que tiene sede en un bajo de la calle Museu de la Seda, organiza múltiples actos en junio, que culminan con la ceremoniosa procesión (este año encabezada, como autoridades, por el director general de Participación de la Generalitat, José Salvador Tárrega; y la concejal de Fiestas y Tradiciones, Mónica Gil), que sale de la iglesia de San Agustín y atraviesa parte de la Avenida del Oeste y termina en la replaceta antes referida de la calle San Vicente.

En ese lugar la figura de San Vicente Ferrer que esculpió Vergara reposa durante 24 horas, entre los números 26 y 28 de la espigada vía urbana valenciana, con sus característicos hábito dominico y dedo índice de la mano derecha levantado, señalando hacia el cielo.

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