La composición de la leche materna influye en el desarrollo de la microbiota intestinal durante los primeros meses de vida y también puede condicionar la presencia de genes de resistencia a los antibióticos. Así lo revela un estudio internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y publicado en Cell Reports Medicine.
La investigación identifica por primera vez el papel de los oligosacáridos de la leche humana (HMO, por sus siglas en inglés) en el desarrollo temprano del resistoma intestinal infantil, es decir, el conjunto de genes de resistencia a los antimicrobianos presentes en las bacterias del intestino.
El estudio, coordinado por investigadores del laboratorio MAINBIOTICS del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), muestra que la lactancia materna exclusiva se relaciona con una menor abundancia y diversidad de estos genes durante los primeros meses de vida.
Además, los resultados indican que las diferencias en la composición de la leche humana entre madres, determinadas en parte por factores genéticos, pueden favorecer determinadas comunidades bacterianas intestinales y condicionar la aparición de genes de resistencia.
Los HMO desempeñan un papel destacado en este proceso. Se trata del tercer componente más abundante de la leche materna. Sus concentraciones varían a lo largo de la lactancia y también entre mujeres.
«La promoción de la lactancia materna parece ser una estrategia efectiva para reducir los genes de resistencia a antimicrobianos presentes en las comunidades bacterianas intestinales durante una etapa crítica en la formación de la microbiota», señala M. Carmen Collado, investigadora del CSIC en el IATA.
«Nuestros resultados muestran que la leche humana no solo aporta nutrientes, sino también compuestos bioactivos capaces de influir en la salud futura del bebé», añade.
Una investigación internacional sobre la microbiota infantil
El trabajo ha contado con la participación de investigadores del Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG, CSIC-Universidad de Salamanca), la Universitat de València y el Hospital Clínico Universitario de València.
También han colaborado especialistas de la Universidad de Trento (Italia), la Universidad de Chile, la Universidad de Groningen (Países Bajos) y la Universidad de California, San Diego (Estados Unidos).
Esta colaboración ha permitido combinar conocimientos de microbiología, pediatría, metagenómica y bioinformática para estudiar la relación entre la composición de la leche humana, la microbiota intestinal y los genes de resistencia antimicrobiana.
La leche materna y el microbioma infantil
La resistencia antimicrobiana es uno de los principales desafíos actuales de la salud pública. Aunque tradicionalmente se ha relacionado con el uso de antibióticos, las bacterias intestinales pueden adquirir y establecer genes de resistencia desde los primeros momentos de vida, incluso sin una exposición directa a estos medicamentos.
Para analizar cómo se desarrolla este proceso, el equipo estudió muestras fecales de 57 bebés de un mes de edad pertenecientes a la cohorte MAMI. Este grupo, formado por madres y sus hijos e hijas de la Comunitat Valenciana, es objeto de seguimiento desde el nacimiento hasta los seis años para estudiar la formación y evolución de la microbiota intestinal infantil.
La cohorte está dirigida por el CSIC y el Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de València.
Los investigadores también analizaron muestras de leche de las madres y posteriormente validaron los resultados en una cohorte independiente de Países Bajos, denominada LLNEXT, que incluyó datos de 199 bebés lactantes.
El análisis mostró que tanto el tipo de parto como la alimentación influyen en la composición del resistoma. Los bebés nacidos mediante cesárea presentaron diferencias en la diversidad de genes de resistencia respecto a los nacidos por parto vaginal.
Por su parte, la lactancia materna exclusiva se relacionó con una menor abundancia y diversidad de estos genes.
«Los primeros meses de vida representan una ventana crítica en la que la microbiota intestinal se está formando y en la que diferentes factores ambientales, como el tipo de parto o la alimentación, pueden dejar una huella duradera», explica Anna Samarra, investigadora formada en el IATA-CSIC y actualmente investigadora postdoctoral en la Universidad de California, San Diego.
«Comprender cómo la leche materna influye en este proceso puede ayudarnos a identificar mecanismos naturales que favorecen un desarrollo microbiano más equilibrado y saludable para el bebé», señala.
Los oligosacáridos, aliados de la microbiota
Una de las principales aportaciones del estudio es la identificación de una relación entre determinados componentes bioactivos de la leche materna y la composición del resistoma infantil.
En concreto, los investigadores analizaron los oligosacáridos de la leche humana (HMO), un grupo de moléculas complejas que el bebé no digiere directamente. Estas sustancias sirven como alimento para determinadas bacterias beneficiosas del intestino, favoreciendo su crecimiento y contribuyendo al equilibrio de la microbiota intestinal.
«Hasta ahora, se conocía que la lactancia materna favorece una microbiota intestinal saludable. Este trabajo demuestra, además, que determinados oligosacáridos de la leche humana pueden influir en la presencia de genes de resistencia a antibióticos durante una etapa clave del desarrollo infantil», remarca Samarra.
La cantidad y el tipo de HMO varían entre madres y dependen, en parte, de una característica genética conocida como estado secretor, relacionada con el gen FUT2.
Las madres con estado secretor producen una leche con una composición diferente de HMO y, en general, con mayores concentraciones de algunos de estos compuestos.
El estudio señala que los bebés alimentados con leche de madres secretoras presentan una mayor presencia de bacterias beneficiosas del género Bifidobacterium. Estas bacterias pueden utilizar los HMO como fuente de energía y están asociadas a un desarrollo saludable de la microbiota intestinal.
Además, algunos oligosacáridos concretos, como la 2′-fucosilactosa (2’FL) y la 6′-sialilactosa (6’SL), se relacionaron con una menor abundancia de determinados genes de resistencia antimicrobiana.
«Los HMO actúan como moduladores ecológicos de la microbiota intestinal: favorecen el crecimiento de microorganismos capaces de utilizarlos y pueden limitar la expansión de bacterias portadoras de determinados genes de resistencia», explica Collado.
«Esto refuerza la idea de que la leche materna influye en la salud del bebé mediante mecanismos mucho más complejos que el simple aporte nutricional», añade.
En la misma línea, Lars Bode, investigador y líder del Human Milk Institute de la Universidad de California, San Diego, destaca que los resultados muestran cómo la genética materna, a través del estado secretor, determina el perfil de glicanos de la leche —el tipo y la cantidad de moléculas formadas por cadenas de azúcares—, entre ellos los HMO. Este proceso influye en la formación temprana del resistoma intestinal del lactante.
Nuevas vías para combatir la resistencia antimicrobiana
Los resultados sugieren que la composición de la leche materna, especialmente su contenido en oligosacáridos, puede contribuir a limitar la aparición temprana de determinados genes de resistencia a los antibióticos.
El hallazgo abre nuevas líneas de investigación sobre el papel de la nutrición durante los primeros meses de vida y su posible relación con uno de los principales desafíos de salud pública a escala mundial.
No obstante, los investigadores subrayan que todavía es necesario ampliar los análisis y realizar estudios longitudinales más extensos. Estos trabajos permitirán comprender mejor los mecanismos implicados y determinar hasta qué punto es posible intervenir sobre ellos.
Los resultados refuerzan el interés de la lactancia materna en el desarrollo de una microbiota intestinal equilibrada y ponen de relieve el potencial de componentes específicos de la leche humana, como los HMO, para futuras estrategias frente a la resistencia antimicrobiana.
Referencia: Samarra et al., Maternal secretor status and human milk oligosaccharides influence the infant gut resistome, Cell Reports Medicine (2026). DOI: 10.1016/j.xcrm.2026.103007.
