“Existe una estrategia, un plan, y eso es lo que transmite. Todos los reyes intentan crear una imagen de sí mismos, como Alfonso X o Louis IX de Francia, si nos centramos en el siglo XIII”, señala Almudena Blasco, profesora de Cultura Visual de la Edad Media en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Ese análisis lo trazó en una mesa redonda celebrada esta semana en el Centro del Carmen de Cultura Contemporánea, en concreto en su antiguo refectorio, que data, de manera original, igualmente de finales del siglo en el que emerge la figura del fundador del Reino de Valencia. De hecho, la edificación eclesiástica y su entorno forman parte del trazado de las parroquias genuinas de la ciudad que configuró el propio monarca, en el engranaje del actual distrito valenciano de Ciutat Vella.
En este entorno, tres medievalistas, la citada Almudena Blasco y otros dos profesores como Arturo Zaragozá y Rafael Narbona, diseccionaron el perfil de un rey del que en este 2026 se cumplen 750 años de su fallecimiento. Por ese motivo diferentes instituciones están llevando a cabo actos para recordar sus gestas y personalidad. Y esos eventos se multiplican conforme se acerca la fecha clave del 9 de octubre, la de la entrada triunfal en Valencia de Jaume I.

Lo hizo acompañado de sus mesnadas, como aparece en diversos cuadros. “Esa faceta de rey conquistador, que cabalga junto a sus hombres, es una de las que más abunda”, apunta Blasco para recordar la pintura que guarda el castillo calatravo de Alcañiz, precisamente con ese tránsito hacia el interior de la futura capital de un reino que fue extendiendo para abarcar desde el rio d’ Ulldecona, en el norte, hasta Finestrat o Busot, en el sur, o prácticamente hasta Requena, en el oeste.
Otra imagen clásica del monarca reflejada en cuadros de la época lo muestra sentado, departiendo con un grupo de allegados que se arremolinan a su lado dejándolo siempre en el centro. Jaume I tiene la palabra y la comparte con gestos regios, incluyendo un brazo en alto.
“Está rodeado de quienes apoyan su gestión, como el obispo Berenguer, el vizconde Guillermo II o Hugo de Ampurias”, relata Blasco para detallar esa ‘venta’ de su figura por parte del histórico conquistar. La profesora traslada su reflexión recalcando la denominación de Jaume con ese acento tan barceloní que convierte la letra final del nombre de pila en ‘a’ al pronunciarla.
Ese desvío fonético ejemplifica la amplitud y heterogeneidad de los territorios gobernados por un monarca que logró aglutinar Aragón, Mallorca, Barcelona y las localidades que agrupa bajo ese rótulo histórico de Reino de Valencia.
También la imagen del propio Jaume I varía en el imaginario colectivo. A los cuadros de la época se suman las esculturas y pinturas posteriores en las que su reflejo va adquiriendo más poderío y tintes míticos, como la talla -o, más bien, monumento-, que lo representa y rinde homenaje a la vez, en el parterre o plaza Alfons el Magnànim de Valencia. Colocada en 1891, sus más de cinco metros de altura ensalzan ese carácter ya legendario.
