Jerónimo Vich, señor de las baronías de Llaurí, Beniomer, Beniboquer y Matada, y, sobre todo, y por ese motivo ha pasado a la posteridad, embajador en Roma nombrado por Fernando El Católico y ratificado por Carlos I. Estuvo en la actual capital italiana de 1507 a 1521.
Después de una fructífera experiencia que le permitió acceder a los papas Julio II y León X, retornó a la ciudad y organizó la edificación de un palacio al estilo del Cinquecento. La fecha aproximada de inicio parece que fue en 1525, hace prácticamente 500 años. El valenciano de nacimiento ya conocido por su papel de embajador impulsó la arquitectura y el boato renacentista que tanto le impactaron en Roma en la Valencia del siglo XVI.
Mármol de Carrara
Jerónimo Vich falleció en 1535 y de su prolífica existencia quedó, como legado visual para la ciudad, su famoso y singular palacete, con el patio abrigado por elegantes columnas clásicas, arcos, cornisas y frontones. No faltaba el famoso mármol toscano de Carrara ni el estilo corintio en los citados capiteles de las ocho columnas.
No obstante, pese a la peculiaridad del recinto, fue deteriorándose con el pasado de los siglos y perdiéndose la memoria del noble enamorado de la pintura que se distinguía como mecenas artístico. Quedó la faceta de embajador por el rótulo de su calle. Y el citado palacio hasta 1859, cuando fue derribado.
No todo se perdió, ya que pudieron preservar las famosas piezas de mármol del patio, que fueron desmontadas y guardadas por la prestigiosa, e históricamente siempre atenta a salvar patrimonio propio, Real Academia de Bellas Artes de San Carlos

Esos elementos artísticos que tanto admiró Jerónimo Vich volvieron a ser vislumbrados desde 2007 con la reconstrucción del recinto en el interior del Museo de Bellas Artes de Valencia, el conocido como San Pío V, que tantos tesoros autóctonos salvaguarda, al igual que los rostros, en lienzos, de personajes históricos de Valencia que únicamente pueden ser rememorados físicamente por esas pinturas.
Céntrica calle
Ahora, todo aquello queda reducido a unas placas al principio y al final de una céntrica calle de Valencia cercada por terrazas de bares y restaurante. Allí, hace medio milenio, fue construido un palacio que ya no está en ese lugar y en el que habitó un relevante y moderno -para la época- noble valenciano cuyo cuerpo está enterrado en el monasterio del los Jerónimos en la Murta de Alzira. De esa iglesia, como de tantas otras obras, fue promotor el embajador Vich.
