Un banco del parque, Señora con sombrilla, El piropo y el beso… las denominaciones de sus obras bien permiten adivinar su estilo pictórico, que, efectivamente, engloba el costumbrismo y el retrato. Se basaba en escenas cotidianas, del día a día de la ciudad, como puede serlo ese lugar donde aposentarse para descansar y contemplar y al que pocos resaltarían o evocarían.
Esa manera de reflejar la realidad ordinaria y discreta puede entroncar con la ubicación y envergadura del recuerdo que la ciudad decidió dedicarle en 1960, con la denominación urbana aludida, y que no ha evolucionado a la envergadura pública de la plaza de Ignacio Pinazo (conocida como de Los Pinazos) o de la estación Joaquín Sorolla, que reconocen con relevancia a dos referentes de la pintura autóctona, ambos maestros de Mongrell Torrent.
Quizás esa discreción provoca que su obra se halle diseminada no solamente por su ciudad natal, donde se concentra principalmente en el depósito del Museo de Bellas Artes de Valencia, sino también fuera, para localizar algunos de sus cuadros en Argentina.
Academia de San Carlos y Feria de Julio
Pulió sus habilidades en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, como tantos otros personajes relevantes de la historia pictórica oriunda. Las afinó con tanta dedicación que consiguió, posteriormente, ganar algunos encargos de cartelería (otra de sus especialidades) en festejos taurinos locales del nivel de la Feria de Julio. Siempre lo hizo con el realismo y el costumbrismo como enseñas y con su capacidad para reflejar lo habitual, lo menos distinguido por sus oropeles y, a la vez, tan cercano y familiar.
Su huella sencilla puede contemplarse también en mosaicos de la Estación del Norte o del Mercado de Colón, dos de los grandes símbolos del Modernismo en Valencia. O en el propio salón de San Jorge del Palau de la Generalitat -catalana en este caso-, con la figura de la Virgen de Monserrat. Precisamente en Barcelona fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Jorge. De hecho, en esa ciudad fijó su residencia y falleció en 1937, en plena contienda civil.
Mesura y equilibrio del maestro
“De José Mongrell se ha alabado su mesura y equilibrio, la armonía clásica y el gesto ponderado de sus modelos, incluso su querencia por la pintura japonesa”. Con esta descripción definía al pintor la Fundación Bancaja en la muestra que desarrolló hace cuatro años con el título ‘Pinazo, Sorolla y Mongrell: pintura en torno a 1900’ .
La exhibición, como reseñaba en su presentación, reunió, por medio de sus obras, “a tres grandes maestros de la pintura valenciana cuyas trayectorias artísticas se sucedieron en el cambio del siglo XIX al XX: Ignacio Pinazo Camarlench (1849 – 1916), Joaquín Sorolla Bastida (1863- 1923) y José Mongrell Torrent (1870 – 1937)”.
Categoría para formar parte de ese trío estelar tenía este pintor valenciano que creció en una sencilla casa ubicada en la calle Cuarte (actual Quart), donde habitaban sus padres, Arturo Mongrell y María Purificación Torrent.
De Valencia a Cullera
A pesar de esa reconocida calidad, su legado artístico se encuentra diseminado y la reivindicación de su memoria en su ciudad natal queda reducida a una estrecha calle de Isla Perdida. Quizás sea lo que hubiera querido alguien como Mongrell, amante de la humildad y habituado a buscar la inspiración en el encanto de la cotidianidad. En cambio, en Cullera, cuya playa le apasionaba e iluminaba su mente, una plaza cerca del emblemático faro rememora su figura.
