En su azoteo fue instalada, durante la Guerra Civil del siglo XX, una estruendosa alarma pública para advertir de ataques de aviación y permitir que la población corriera a guarecerse. Fue una de las decenas ubicadas en lugares visibles y, sobre todo, de fácil transmisión de ondas para su audición en el entorno urbano. A diferencia de otras, ha pervivido con el paso del tiempo y ha permanecido impertérrita en el lugar hasta hace bien poco.
En la actualidad no reposa sobre el inmueble debido a la transformación que este experimenta para convertirse en un alojamiento de la cadena Acta Hotels, que, según adelantaba meses atrás El Economista, dispondrá de 53 habitaciones y se abrirá el próximo año. El Meridiano ha podido confirmar que las obras avanzan en los plazos previstos con el objetivo de entrar en funcionamiento en 2027.
¿Y que ocurre con la sirena? Según explican fuentes consistoriales a este diario, «la guarda la empresa que está llevando a cabo la rehabilitación a buen recaudo». Técnicos municipales estuvieron presente en su desmontaje, para asegurar que se hiciera de manera correcta y garantizar el compromiso de la reinstalación cuando la obra hubiera terminado.
De esa manera, este singular elemento del mobiliario urbano retornará, dentro de un año, a emerger sobre la atalaya desde la que ha contemplado Valencia durante nueve décadas.
Su misión volverá a ser ornamental, muy alejada de la inicial de lanzar advertencias preventivas a la población civil y de coordinar la respuesta antiaérea por medio de baterías situadas en El Saler, En Corts, calle Císcar o Nazaret.

