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El lado oscuro del verano

Hay otra cara oculta de estas maravillosas fechas, y esta es la cara peor, la más oscura. Cada verano asistimos a noticias que nos conmueven: Personas mayores permanecen solas durante semanas, pacientes con el alta médica que nadie recoge del hospital, situaciones de desatención y, en ocasiones, situaciones de abandono que avergüenzan a una sociedad aparentemente solidaria

Ha llegado el verano y, para muchas personas, las tan deseadas vacaciones. Por fin podremos descansar, divertirnos, bañarnos en nuestras maravillosas aguas, pasear por el monte y respirar aire puro, realizar el tan esperado viaje o estar tranquilamente con nuestra familia y amigos. Pero ¡cuidado! nos acechan trampas y peligros, desencantos y crueldades.  No hay que olvidar el peligro de las carreteras, con sus miles de muertos cada verano, el riesgo de pasarnos con el sol de forma irreparable, las consecuencias de los cortes de digestión al bañarnos, los accidentes por imprudencias nuestras o de otros, las posibles estafas a las que estamos expuestos y que nos pueden amargar las vacaciones, los retrasos en las salidas de los aviones, los interminables atascos de las carreteras y la imprevisible actuación de los ladrones.

Pero hay otra cara oculta de estas maravillosas fechas, y esta es la cara peor, la más oscura. Cada verano asistimos a noticias que nos conmueven: Personas mayores permanecen solas durante semanas, pacientes con el alta médica que nadie recoge del hospital, situaciones de desatención y, en ocasiones, situaciones de abandono que avergüenzan a una sociedad aparentemente solidaria. Es cierto que estos casos son minoritarios y la mayoría de las familias atienden perfectamente a sus mayores, pero el verano no puede convertirse en la estación del olvido. Ninguna persona mayor debería sentirse abandonada, ignorada o tratada como un problema del que alguien desea desprenderse durante las vacaciones. Incluso aquellas familias que pagando una sustanciosa cantidad de dinero le organizan a la abuela una residencia para estancias temporales, no imaginan el dolor de esta mujer al darse cuenta de que “sobra” de que molesta o incomoda las vacaciones de sus hijos.

Quizá algunos no entiendan lo que voy a decir a continuación, pero es muy significativo para alertarnos de la insensibilización de ciertas personas. Me refiero al dolor de los perros, gatos y otras mascotas de las que sus dueños se desprenden, como si de trastos viejos se tratasen, abandonándolos en la carretera o dejándolos atados a un poste. Pueden escucharse frases como esta en contestación a los lloros de un niño que no quiere abandonar a su mascota: “No importa, simplemente es un animal, a la vuelta ya compraremos otro”.

No estoy haciendo una comparación inaceptable, pues les aseguro que cuando alguien se comporta así, ignorando la crueldad del abandono de su mascota e, incluso, ignorando el dolor y el daño psicológico que esto puede causar a su hijo, nos está mandando una señal: ¡desconfíen!, el pasar a hacerlo con sus padres o abuelos está a un paso.

Me gustaría dejar un mensaje dirigido a toda la sociedad, especialmente a los más jóvenes: “No olviden que todos y todas, si la vida los acompaña, aspiran a ser esas personas mayores a las que hoy deben cuidar. La sociedad que construyan para ellas será, mañana, la sociedad que les recibirá a ustedes”

 

 

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Marisa García-Merita