Inicio Opinión El valenciano, una lengua que se lee en las calles y los documentos
Opinión

El valenciano, una lengua que se lee en las calles y los documentos

Desde la conquista de Valencia hasta los documentos medievales conservados hoy, la historia del valenciano habla de territorios, convivencia y memoria. Observar sus primeros testimonios permite entender que una lengua no nace de un día para otro: se construye con el uso cotidiano de sus hablantes.

Caminar hoy por las calles de Valencia, Castellón, alicante o cualquier municipio de la comunidad Valenciana permite encontrarse con un lengua presentes en los nombres de las calles, en los comercios, en las conversaciones y en las instituciones. Sin embargo, detrás de cada palabra existe una historia mucho más larga  que se remonta a la Edad Media. La formación Histórica del valenciano está vinculada al proceso del territorio llevado a cabo durante el siglo XII, especialmente tras la entrada de las tropas de Jaime l en Valencia en 1238. A partir de ese momento, el territorio experimentó importantes transformaciones sociales y lingüísticas. Pero observar la historia con atención obliga hacer una distinción importante: una lengua no aparece de repente en una fecha concreta. Su evolución es progresiva y procede de las lenguas romances desarrolladas a partir del latín hablado. Lo que si podemos fechar son los primeros testimonios escritos para que permiten seguir esa evolución.

El siglo XIII :  cuando la lengua empieza a deja huella escrita, los primeros testimonios documentales relacionados con el romance utilizado en el territorio valenciano  se sitúa en torno a mediado del siglo XIII. Entre ellos destaca un documento fechado el 17 de mayo de 1353, localizado en Almassora, en la provincia de Castellón. Según información recogida en los documentos mostrados, se trata de un pergamino relacionado con un inventario de bienes del obispo Tortosa. Aunque el texto comienza en latín, incorpora numerosas palabras y expresiones de la lengua romance utilizada en el territorio. Se mencionan hasta 92 palabras y términos administrativos redactados directamente en esta lengua. El dato resulta especialmente interesante porque permite observar como las lenguas conviven y mezclan en la documentación oficial. El latín mantenía un importante papel administrativo y religioso, mientras que el romance iba ganando espacio en la vida cotidiana y en determinados documentos.

No es solamente una cuestión de fechas. Es también una fotografía de la sociedad medieval: personas, propiedades, lugares y actividades necesitaban ser nombrados, y esas palabras terminaron quedando registrado sobre papel. Vilafamés y San Meteu: otros testimonios de una sociedad en transformación. El documento de Vilafamés de 1270 constituye otro de los testimonios mencionados en las fuentes recogidas. Durante años fue considerado uno de los registros romances más antiguo conservados en el territorio valenciano. También aparece la Carta Puebla de Sant Mateu de 1274, documento de carácter jurídico relacionado con el asentamiento de la población. Estos textos muestran que el romance no se limitaba a la conversación cotidiana, comenzaba aparecer en ámbitos administrativos y jurídicos.Y ahí esta uno de los aspectos más reveladores de esta historia. Una lengua se consolida cuando deja de estar únicamente en la conversación y empieza a utilizarse para nombrar propiedades, establecer acuerdos, redactar normas y organizar la vida colectiva. Els Furs, la lengua también como instrumento de gobierno. Otro elemento fundamental son els Furs de Valencia, el conjunto legislativo vinculado al Reino de valencia durante el siglo XIII. Su importancia va más allá del contenido jurídico. Representa el uso de las lenguas de la época en un contexto de organización política y social. La legislación debía ser  conocida y aplicada en un territorio con una realidad lingüística compleja. Esto permite entender que la historia de quienes la utilizan, agricultores, comerciantes, artesanos, funcionarios, religiosos y ciudadanos que, generación tras generación, convierten una forma de hablar en una herramienta para vivir en sociedad.

Del documento a la realidad actual. El recorrido histórico continúa durante los siglos XIV y XV, cuando la literatura valenciana alcanza un momento de esplendor, conocido tradicionalmente como el Siglo de Oro valenciano. Autores como Ausiás March y Joanot Martorell forman parte de ese patrimonio literario. La distancia entre aquellos escritores y cualquier conversación actual puede parecer enorme. Sin embargo, existe un hilo en común, la lengua como vehículo para expresar sentimientos, contar historias, transmitir conocimientos y construir una identidad cultural. Precisamente por eso, el debate sobre los orígenes y la denominación del valenciano continúa siendo un asunto sensible. Desde el punto de vista filológico el valenciano se estudia dentro del sistema lingüístico catalán, mientras que la denominación “valenciano” tiene un reconocimiento y un uso propio en la comunidad valenciana. Más allá de las posiciones identitarias, los documentos históricos permiten analizar el fenómeno desde la evidencia lingüística y documental. 

Las Jarchas: una mirada todavía más atrás, también merecen atención sobre el debate de la jarchas, composiciones breves conservadas en textos medievales y relacionadas con variedades romances habladas en la península. Algunas interpretaciones han intentado vincular determinados rasgos lingüísticos de las jarchas con la evolución posterior de las lenguas romances. Sin embargo, éste ámbito requiere prudencia, no puede afirmarse simplemente que las jarchas sean “el valenciano antiguo. Son testimonios de un realidad lingüística medieval mucho más compleja. Esta cuestión demuestra algo importante: estudiar una lengua requiere observar los documentos en su contexto y evitar convertir un fragmento aislado en una conclusión definitiva. Una historia que sigue presente. Quizás lo más interesante de acercarse a la historia del valenciano no sea únicamente descubrir si una palabra apareció en 1253, 1270 o 1274. Lo verdaderamente revelador es comprobar como una lengua ha acompañado durante siglos la vida de un territorio. 

Los pergaminos medievales hablan de obispos, propiedades, leyes y asentamientos. Los escritores del siglo de oro hablan de amor, política y sociedad. Y hoy, las mismas tierras siguen siendo escenario de conversaciones, libros, escuelas, medios de comunicación  documentos administrativos. La lengua, la final, no es solo una cuestión de fechas. Es memoria viva. Desde aquella sociedad medieval hasta la actualidad han pasado más de 750 años. Los documentos conservados permiten mirar hacia atrás y descubrir que cada palabra escrita fue, en cierto modo, una pequeña huella dejada por las personas que vivieron antes que nosotros. Y quizás esa sea la mejor manera de acercarse a la historia del valenciano, no como una disputa sobre una fecha de nacimiento, sino como el largo recorrido de una comunidad que ha utilizado una lengua para nombra su territorio, organizar su vida y transmitir su memoria. 

  Hasta que, con las nuevas tecnologías y la proliferación en auge de la IA (inteligencia artificial) quieran hacer desaparecer todo archivo histórico. De hecho, recientemente D. Román de la Calle, catedrático de estética y teoría del arte de la universidad de Valencia, publicó  en las redes sociales, una noticia de  Arteinformado.com titulada: “Empresas de inteligencia artificial compran y destruyen millones de libros”. En dicho post, D. Román de la Calle dice: ¬ Lo que está en juego, es esta protesta por la destrucción de libros, trasciende el debate legal o económico, se trata de una urgencia por regular el poder de las empresas de inteligencia artificial y el control que tienen sobre la memoria y el patrimonio bibliográfico de la humanidad. Si los últimos ejemplares físicos de libros raros son reemplazados por versiones digitales, el mundo no solo estará digitalizando su historia, sino que, está entregando el último registro independiente de ella. Cuando los originales desaparezcan, el pasado existirá únicamente como datos, los cuales pueden ser editados, filtrados, reescritos o eliminados. Sin un soporte físico al que regresar, la realidad queda sujeta a quienes controlen los archivos digitales. La destrucción de estos ejemplares, incluso los de grandes tirajes, representa una pérdida irreparable para la memoria colectiva, pues elimina la posibilidad de contrastar, verificar o reinterpretar  el pasado de manera autónoma. 

Con este último dato, está todo dicho, solo nos queda la memoria sana de nuestra mente e ir transmitiendo de generación en generación, de forma oral, la tradición de la historia de nuestra historia de la memoria histórica de la lengua. Nuestra lengua valenciana.