Las chicas de oro
La mas más longeva de noventa y tres años, cuenta no tener prisa cuando alguna de ellas, despistada, cruza el semáforo en ámbar, recordándole que ya están jubiladas y deben disfrutar de los momentos que les ofrece la vida
En un parque del barrio de zaidía, un grupo de mujeres se reúnen los días soleados. Mujeres que oscilan entre los veinticuatro y noventa y tres años. Hablan, sexo, política, recetas, salud, remedios caseros, programas de televisión, cuentan refranes y chistes, en definitiva de la vida cotidiana. La mas más longeva de noventa y tres años, cuenta no tener prisa cuando alguna de ellas, despistada, cruza el semáforo en ámbar, recordándole que ya están jubiladas y deben disfrutar de los momentos que les ofrece la vida, y que nunca han estado mejor porque tienen su pensión y no tienen horario laboral. Una mujer sensata a la que aprecia todo el barrio por su fortaleza y buena capacidad mental a su edad. La líder del grupo, empuja sin hablar a que cada cual se mueva y levanten sus cuerpos a caminar unas vueltas por el recinto, donde a su vez disfrutan del jardín. Opina que al principio no le gustaba ir con el andador, pero pasado el tiempo, recuerda el gran invento y lo afortunado que será el inventor. Avispada y de buen corazón. Las más jóvenes escuchan asientan con la cabeza y opinan. Una de ellas, la más reciente en el grupo, les adjudicó el nombre, “Las chicas de oro”. Desde entonces, sí se hacen llamar. La más joven de todas, veinticuatro años, es asistenta de una de las longevas, la señora se sorprende de las experiencias de su asistenta siendo tan joven con tanto mundo corrido. Tenaz y liberal.
En dichas reuniones y paseos alrededor del parque disfrutando de su jardín, observan que una planta trepadora absorbió el inmenso Romero en flor desde la raíz que ambientaba dicho parque. Pensaron que debían decirles en cuanto les vieran a los jardineros lo sucedido y que podrían reponerlo. Así, lo hicieron, y lo repusieron. Así mismo, la líder de noventa años y la más longeva de noventa y tres, se sienten incomodas en los bancos instalados por la ausencia de respaldo y dureza de la estructura. Algunos, muy poco, tienen respaldo de hierro macizo que debido al material en invierno les enfría la espalda y en verano les quema. Ante esta incomodidad, llaman al ayuntamiento para comunicarles los desafortunados bancos.
Considerando el mundo en que vivimos de tecnologías y cambios rápidos, además, de la miles de llamadas que siempre reciben, a veces también comunica. Ambas señoras, no obtienen la respuesta esperada, por lo cual, les queda la esperanza de sus carritos (andador), que gracias a ellos, como dice la líder, aun pueden caminar y eso les satisface.
En esta era de tecnologías, y mecanización en los organismos, que por facilitar la atención al cliente, no siempre es atendido, y que aunque no sea una urgencia, decepciona pero todo tiene su tiempo. No son responsables los gobiernos ni sus funcionarios, sino el sistema .
La cuestión es que, es de satisfacción que el ciudadanos de a pie, cuida, se preocupa, protegen sus necesidades, y además, las infraestructuras del parque que satisface a los vecinos de todas las edades. Y entre ellas, a las “las chicas de oro “.
